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Carnavale di Venezia 0

Hora y Fecha: Marzo 1, 2006 @ 10:01 pm Autor: Moisés Maciá
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Este domingo estuve en el día grande de los segundos carnavales más famosos del mundo, el carnaval de Venecia.

Lejos de la bacanal y el desenfreno del carnaval de Rio, en Venecia se apuesta por la tradición y el misterio de las máscaras. Es una concepción de carnaval radicalmente diferente: entrar en Venezia estos días es sumergirte de lleno en el siglo dieciseis.

Familias completas vestidas como en el renacimiento italiano hasta en el más mínimo detalle y actuando como tal, canales, góndolas, callejuelas estrechas, retorcidas y laberinticas, antorchas, posadas, arlequines, trovadores y la ausencia completa de coches y edificios modernos en toda la ciudad no hacen más que reafirmar esta sensación.

Hay muy poca gente con disfraces “de coña”, la inmensa mayoría opta por la tradición de los trajes de época y las máscaras.

No hay el típico jaleo y bullicio de los carnavales, todo el mundo desfila y posa para las cámaras de los turistas en silencio reforzando la sensación de anonimato de las máscaras y creando un clima inquietante. Me recuerda muchísimo a las escenas de la fiesta de máscaras de “Eyes Wide Shut”.

La parte mala de estos carnavales es que Venezia esta completamente tomada por los turistas. Ir desde la estación hasta Ponte Rialto supone un mínimo de dos horas caminando entre la avalancha humana y aproximádamente una hora más para llegar hasta Piazza San Marco, una locura si no tienes barco para desplazarte como era el caso.

Para que os hagais una idea, este recorrido en condiciones normales no supera la media hora caminando tranquilamente, a no ser que nos perdamos, algo tremendamente sencillo aquí en Venezia donde las calles propiamente dichas brillan por su ausencia; todo son callejuelas empedradas de metro y medio de ancho, pasajes de un par de metros de alto, patios encajados entre las casas, calles muertas que van a desembocar a un canal y como no estes atento acabas dentro, etc. Sólo nos falta el minotauro.

Nos perdimos bien perdidos, caminando en circulos todo el tiempo y eso que llevabamos mapa, hubo momentos en los que pensaba que nos tocaba hacer noche allí.

Me traje para casa la máscara del anónimo (la buena buena, que me costó un pico), un clásico entre la nobleza renacentista italiana, que permitía esconder la identidad mientras se bebía o comía en las fiestas de turno y —según dicen— cambiaba la voz del portador haciendo imposible saber si la persona que la vestía era un hombre o una mujer.

mascara venecia

Es preciosa. Me encanta el aire de intriga que desprende.




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