L’attacco della mignota 4
Últimamente me están pasando cosas muy extrañas, ya no se si estoy en Milano o me he metido de lleno y sin quererlo en la última película de David Lynch. Estaba avisado de que esto podría ocurrir pero no hice demasiado caso, tengo que tomar los consejos de Pablo más en serio.
Nuestra historia de hoy empieza en el locutorio que hay en la calle de mi casa. Estaba yo leyendo despreocupado el correo y acabando de arreglar el articulo anterior para publicarlo cuando alguien empieza a hacerme manitas por debajo de la mesa.
Yo, que soy tonto del culo, pensé que se había caído algo, pero no; hubieron tocamientos en toda regla. Maria opina que era un tio, yo al principio pensaba que se trataba de una mujer muy fea; cuando dijo la primera frase, sus palabras me sacaron de mi país de fantasía y me devolvieron a la cruda realidad:
— Ciao caro. —Dijo guiñando un ojo.
Efectivamente se trataba de una puta, más bien de un travesti que no tenia nada mejor que hacer que tirarme todo lo que tenia a su alrededor para tocar entrepierna, incluidos los trastos.
Pablo me dijo que esto podia ocurrir, a él le paso la semana anterior y yo no me lo podía creer.
— Macho, ¡ya has ligado!. —Le dije yo entre risas.
La cosa fue a más, de repente me veo una de sus tetas de plástico a cinco centímetros escasos de mi cabeza.
Atentos a la situación: Yo, un locutorio lleno de ecuatorianos, un travesti con las tetas fuera a un palmo de mi, escribiendo en el blog, mientras sonaba musica indú a todo trapo. Ni Almodóvar en sus mejores viajes de pope. Os reto a que lo supereis, os reto dos veces
En diez segundos creí morir, pasé por todas las fases:
—Negación: Esto no me puede estar pasando a mi.
—Ira: Como no deje de ponerme la teta en la cara le suelto un revés que lo dejo tibio.
—Negociación: Vamos a esperar un poco a ver si le entra frío y se va.
—Depresión: Es que esto sólo me puede pasar a mi.
—Aceptación: Tienes un travesti con las tetas fuera a un palmo de ti; acéptalo.
Conforme terminé de redactar el último post escurrí el bulto a toda velocidad, mirando hacia atrás cada tres pasos para ver si me seguía.
Llegué a casa y estaba Pablo en la cocina. Al verme la cara sobraron las palabras.
— Le has visto ¿verdad?.
— Si tio.
— Te dije que ese lugar era un puticlub con fibra óptica. Venga esos chupitos de Limoncello.
Ade se partió la caja cuando se lo conté.
— Me parto, me troncho y me mondo. —Fueron sus palabras textuales.
Desde luego Frank Miller se basó en Niguarda para escribir Sin City, lo tengo clarisimo. Dentro de una semana vuelvo a España por Navidad, pero estoy seguro de que todavía me tiene que pasar algo más
















menéame