Bastard Peseto From Hell 2
Esta historia transcurre entre las cuatro y las cinco de la madrugada. Nos echan de la Rolling Stone de Milano a golpe de sevillanas y canciones de Rafaella Carrá, sintiendonos aludidos, mis compañeros de piso y yo damos la noche por concluida.
Como ninguno de nosotros sabía como demonios habiamos llegado al lugar y estaba lloviendo a cantaros decidimos coger un taxi. Pero no amiguitos, no se trataba de un taxi cualquiera, era el Taxi del Infierno™ tripulado por un peseto de los que come clavos y escupe chapas, directamente salido de una secuela chunga de Mad Max.
Antes de continuar he de decir que los italianos son un peligro al volante como pocos hay en este mundo. Ser peatón en Milano forja caracter: al poner un pie en la calle nunca sabes si acabaras la Erasmus bajo las ruedas de ese Lotus que ha salido de improvisto mientras cruzabas despreocupado el paso de peatones en verde. Si algun día dejo de escribir sabreis con toda certeza que lo último que escuche fue el chirriar de unas ruedas contra el asfalto.
Para colmo a partir de la una de la madrugada mas o menos, TODOS los semaforos de la ciudad pasan a estar en ambar intermitente; eso unido a la total ausencia de rotondas y medidas pasivas de control del flujo viario convierte las encrucijadas en una ruleta rusa de cuatro carriles en ambos sentidos y a la ciudad en una pista de carreras donde gana el que más fuerte pisa el acelerador y menos aprecio tiene por la vida.
Como he dicho, nos encontrabamos ya en el taxi cuando el peseto del infierno quema ruedas pillandome casi con medio cuerpo fuera del coche y la puerta abierta. En el transcurso de escasos diez metros casi se lleva por delante a un tio que estaba esperando otro taxi y faltó poco para embestir a otro coche que venia por el otro carril.
Pero aqui no acaba la cosa, el otro conductor debio sentirse profundamente ofendido por semejante osadia contra su flamante BMW, porque dio media vuelta y empezo nuestra persecucion por el centro de la ciudad con todos los semaforos en ambar y pegando volantazos para hacernos salir del carril mientras clavaba su mirada en el peseto.
En ese momento estabamos con los ojos abiertos como platos y flipando en tecnicolor. El peseto no parecia especialmente preocupado por tener al lado a un hijo de puta dispuesto a llevarse a todo y a todos por delante con tal de echarnos de la carretera porque iba conduciendo con una mano, por direccion prohibida, esquivando coches que venian de cara y berreando todo el repertorio de insultos en italiano del que disponia.
Creo que nunca me he sentido mejor al poner un pie en el suelo como aquella noche, despues de vivir en vivo y en directo un episodio de Starsky&Hutch.
Todavia pasan pocas cosas …
















menéame